Alicia en el País de las Maravilllas, drogadicta y violenta versión
Las chicas ya no venimos como antes, pero Alicia menos. Hace una década atrás, en mi tierna niñez, las heroínas de Disney cantaban, bailaban y terminaban con un príncipe azul a su lado. Aún cuando no es normal que las sirenas bailen bajo el mar o que las bestias se transformen en gallardos príncipes, esta Alicia es de vanguardia señores! Pasen y vean.
Empecemos reconociendo que siempre fue la nena trastornada de la fábrica Disney, pero ahora desde la mirada burtiana su cuadro psíquico empeora. La nueva versión cinematográfica nos muestra una Alicia adolescente con pesadillas perturbadoras o, al menos, eso es lo que dice ella. Para sumar a la psicosis su madre quiere casarla con un colorado feo con problemas gástricos. De príncipe azul nada. Ante la presión social y las estructuras machistas la mina que hace: se toma el palo. Dice ver un conejo blanco y se va a la mierda literalmente. Una revolucionaria. Lo que ocurre después no tenemos claro si es producto de estupefacientes, alcohol, la suma de los dos o un verdadero mundo paralelo.
Alicia vuelve al País de las Maravillas, con seres que de maravillosos no tienen nada. Hay dos enanos gorditos divinos pero que no sirven para nada, una oruga que se las tira de intelectual, una rata insoportable, un conejo desquiciado y un sombrerero pasado de todo. Un combinación perfecta para una película de Tim Burton, detractores abstenerse. Alicia cae en ese extraño mundo y de ahí en más, se desata una batalla para que la Reina Blanca (que es bastante dark en realidad) recupere el trono. Resulta obvio que Alicia es algo así como la Elegida y, vaya a saber uno por qué, es la única capaz de empuñar una terrible espada y matar a un espantoso bicho. En resumen la piba cae en un pozo, se encuentra con todo este zoológico parlanchín y les sigue la corriente. Termina así luchando contra la desopilante Reina Roja y todo su ejército de naipes.
Pero como todos, Alicia tiene que volver a la realidad en algún momento o al menos recuperar la conciencia después de todo lo consumido. Ahí la cosa se pone buena. O al menos reconfortante para una feminista recalcitrante. Al colorado le da terrible patada, se burla de sus caretas amigas y se va a la China (literalmente) a recorrer nuevas tierras. Una Alicia diferente, un tanto adicta, pero que en el fondo se hace querer.





























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